Mi madre, Sílvia, David, y Anna (novia de mi hermano) vinieron a Islandia a pasar el fin de año y llegaron el 29 de diciembre. Alquilaron un apartamento increíble mucho más grande que en el que vivimos. Estuvieron con nosotros hasta el tres de enero.
El 29 pasó muy rápido ya que llegaron bastante tarde y solo dimos una vuelta y cenamos.
Lo primero que hicimos al día siguiente es ir a comprar comida porque en los días festivos todo estaría cerr
Luego alquilamos una furgoneta para nueve (era lo único que nos quedaba)

Con ella el 31 fuimos ha hacer turismo a los sitios habituales y cerca de Reykjavík como Gríndavík (un lugar donde abundan piletas de barro y precipitado de sulfuro, huele a huevos podridos continuamente...), Gulffoss (una cascada muy grande y hermosa), Geysir (es un pozo de vapor que explosiona cada tres o cinco minutos). Luego fuimos a casa y celebramos el fin de año con una rica cena y la tradición española, es decir uvas y transmisión de las campanadas por Internet una hora antes. Nuestro amigo Alan cenó con nosotros y después de los postres fuimos a ver el gran bombardeo de cohetes en la iglesia
El uno de enero del nuevo año estábamos todos molidos y decidimos tomar el día con un poco de relax. Comimos ligerito y luego Raúl les llevó al Lago Azul (aguas termales con silica de colores azulados, todo natural...). Esa tarde me quedé en casa y aproveché para estudiar el violonchelo.
Quedamos para cenar y luego Raúl y yo nos fuimos para casa y ellos salieron a dar un paseo nocturno.
El dos de enero fue un día un poco extraño, lo empezamos en el hospital me dolía la apéndice y fuimos a que me lo miraran. Total
Anna se encargó de la pata de cordero ya que para fin de año nos preparó un relleno de cordero que estaba para chuparse los dedos. Todo un éxito la compañía, los diferentes idiomas que volaban encima la mesa, la comida...
Después de la cena, recogimos, hicimos maletas (ayudé a mi madre). Teníamos ánimo de ir a tomar la última copa a un pub, y salimos dispuestos a ello, pero todo estaba cerrado. Me acompañaron a casa y quedamos pronto por la mañana para llevarlos al aeropuerto.
Nos lo pasamos muy bien, un fin de año diferente.
1 comentario:
Los fuegos artificiales fueron una auténtica locura. Surgían de los cuatro ccostados y llenaban el cielo de luz, color y sonido. A mí casi me cuestan un brazo (el que agarraba Mariona del miedo que tenía).
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